Violeta Parra inmortal (A 43 años de su muerte)

Hoy, cuando se cumplen 43 años de su muerte compilo una serie de extractos, recortes, enlaces y anécdotas para homenajear a alguien que no conocí, que murió 19 años antes de que yo naciera, pero que admiro profundamente.



Violeta entrevista

En una entrevista perdida en algún baúl con grabaciones que TVN nunca volverá a mostrar, una periodista francesa sostiene el siguiente diálogo con Violeta Parra:

Violeta usted es poetiza, músico, hace arpilleras, pinta… Si yo le doy a elegir un solo de estos medios de expresión, ¿cuál elegiría? Si sólo tuviera ese único medio de expresión?

Yo elegiría quedarme con la gente. –responde Violeta Parra-.

Y renunciaría a todo esto? –Pregunta incrédula la periodista-.

Es la gente la que me motiva a hacer todas estas cosas. –finaliza Violeta.


Enlaces:

Sitio oficial de Violeta Parra

Biografía

Discos y libros de Violeta Parra para descargar http://discosvioleta.blogspot.com/

El documental Viola Chilensis se puede descargar acá
Otro archivo muy completo de Violeta Parra

Arpilleras de Violeta Parra

Violeta y Alejandro Jodorowsky

Del libro “El maestro y las Magas” de Alejandro Jodorowsky extraigo un pequeño relato donde Jodorowsky cuenta los primeros días de Violeta Parra en Paris y cómo su determinación la hizo triunfar:

Paseándome con ella por las orillas del Sena, llegamos frente al Palacio del Louvre.

–¡Qué imponente museo! –le dije–. El peso de tantas obras de arte, de tantas grandes civilizaciones, a nosotros, pobres chilenos sin tradición, con chozas de paja en vez de pirámides, con humildes cacharros de greda en lugar de esfinges, nos aplasta.

–Calla –me contestó altiva–. El Louvre es un cementerio y nosotros estamos vivos. La vida es más poderosa que la muerte. A mí, que soy tan pequeña, ese enorme edificio no me asusta. Te prometo que pronto verás ahí dentro una exposición de mis obras... No supe si considerarla loca o aquejada de una ingenua vanidad. La conocía como cantante, no como artista plástica.

Violeta contaba con muy poco dinero. Compró alambre, arpillera barata, lanas de colores, greda, algunos tubos de pintura. Y con esos humildes materiales creó tapices, cántaros, pequeñas esculturas, óleos. Eran sus propias obras y, al mismo tiempo, la expresión de un folklore chileno desaparecido en la realidad, pero atesorado en las profundidades del inconsciente de mi amiga. ¡En abril de 1964, Violeta Parra inauguró su gran exposición en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsan, del Palacio del Louvre!

Esta increíble mujer me enseñó que, si queremos algo con la totalidad de nuestro ser, acabamos lográndolo. Lo que parece imposible, con paciencia y perseverancia se hace posible.

Acá el texto más completo


Violeta y su alianza con Dios, por Patricio Manns

Patricio Manns cuenta en su libro “Violeta Parra, la guitarra indócil” cómo Violeta Parra y Dios se aliaron para el terremoto del 60. Terremoto que Violeta sobrevivió exclusivamente porque estaba en Puerto Montt en una gira. Según Manns Dios no estaba dispuesto a perderla todavía.

Canciones:

En sus textos más combativos figuran canciones como "Miren cómo sonríen", "Qué dirá el Santo Padre" y "Arauco tiene una pena" los que formarían la base de la corriente musical conocida como la “Nueva canción chilena” y que acá extraigo algunos versos, una coincidencia: TODAS SON VIGENTES!

(Qué dirá el Santo Padre)

El que ofició la muerte
como un verdugo
tranquilo está tomando
su desayuno.

Con esto se pusieron
la soga al cuello,
el quinto mandamiento
no tiene sello.

Mientras más injusticias,
señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma
para cantar.

Lindo segar el trigo
en el sembrao,
regado con tu sangre
Julián Grimau.


(Miren como sonríen)

Miren cómo sonríen
Los presidentes
Cuando le hacen promesas
Al inocente.

Miren cómo le ofrecen
Al sindicato
Este mundo y el otro
Los candidatos.

Miren cómo redoblan
Los juramentos,
Pero después del voto
Doble tormento.

(Arauco tiene una pena)

Del año mil cuatrocientos
que el indio afligido está,
a la sombra de su ruca
lo pueden ver lloriquear,
totora de cinco siglos
nunca se habrá de secar.
Levántate, Callupán.

Arauco tiene una pena
más negra que su chamal,
ya no son los españoles
los que les hacen llorar,
hoy son los propios chilenos
los que les quitan su pan.
Levántate, Pailahuán.

Violeta y Nicanor Parra

No me acuerdo si fue en tercero o cuarto medio, pero tuve en el colegio una profesora de Castellano (En ese tiempo se llamaba Castellano y no Lenguaje y Comunicación como ahora) con la que acostumbraba a hablar de libros y un día hablando de Los Parra ella me recomendó un libro que escribió su papá: “Conversaciones con Nicanor Parra” de Leonidas Morales. Esta profesora que conocía personalmente a Nicanor, pero que no gustaba tanto de su poesía permitió que yo accediera a algunos de los pasajes más hermosos de las vidas de Nicanor y Violeta. De ese libro reproduzco acá una anécdota de Nicanor y Violeta que muestra el inicio de ésta última en el folclor chileno:

N.P. Y apareció en estas condiciones la Violeta. Parece que ella percibió que yo no le concedía mucha atención, y me preguntó: “¿Qué estás haciendo?” Yo tal vez no me saqué los anteojos y seguí sentado. Le dije: “Estoy haciendo un trabajo aquí... muy difícil”. “¿Y en qué consiste ese trabajo?”, me dijo, un poco molesta. Entonces yo le expliqué y le leí algunas cuartetas del contrapunto, que ella no conocía. “¿Y esas cosas estudias tú?”, me dijo. Yo creo que cuando ella pronunció esa frase, se produjo la Iluminación. “Bueno, ¿por qué? —le digo yo— ¿por qué dices tal cosa?”. “Espérate -me dijo-. Vuelvo en un rato”. Salió y volvió en una hora o dos, con un alto así de papeles y con cualquier cantidad de coplas. ¡Cualquier cantidad! Todas estupendas, excelentes. “Estudia eso”, me dijo.

L.M (Leonidas Morales). Ella había venido escribiendo eso desde años.

N.P. ¡No! ¡Lo inventó sobre la marcha!

L.M. ¿En una hora?

N.P. ¡En una hora! ¡En un par de horas! Le brotaban “como agua de manantial” las coplas pues, para citar a Mar­tin Fierro. Entonces me entrega estas coplas y yo me saco los anteojos, me pongo de pie le digo: “Violeta, por Dios... ¿quién hizo esto?” “Bueno, ¿y quién crees tú que lo hizo?” “Tenemos que hablar sobre estas pamplinas —le dijo yo—. A ver, vamos hablando. Porque tú ves muy bien que éstas son cuartetas. Pero lo más importante se da en las décimas”. “¿Y qué es eso? —me dice—, ¿qué son las décimas?” Le di un ejemplo de décima. Yo tenia ahí mis libritos, mi bibliografía. Estaba estudiando la poesía popular chilena. Ya conocía yo los folcloristas chilenos de comienzos de siglo. De ma­nera que estaba bien pertrechado. Y le digo: “Bueno, vea­mos aquí pues lo que son las décimas”. Quien había estudia­do lo que se llama la “poesía vulgar” de Chile era don Rodolfo Lenz. Entonces le leo algunas décimas, y la Violeta me dice: “Pero si ésas son las canciones de los borrachos, pues”. Esa fue la respuesta de ella. “¿De qué borrachos?”, le digo yo. “¡Cómo de qué borrachos! De los borrachos de Chillán, pues!”, me dijo. “Bueno, ¿y éstas tienen música?” “Si, son canciones de borrachos”, me dijo, y empezó a canturrear ahí. Le dije yo: “Ahora entonces lo que tenernos que hacer es buscar la guitarra”. Yo no tenía ahí en ese momento. Y volvió en un plazo de dos o tres días, ya con los tuntunes. Entonces empezamos ya con los versos a lo humano, a lo divino, versos por el fin del mundo. Todo lo imaginable le hablé de todo lo que yo sabia ya en ese momento, y ella lo captaba todo al vuelo.

Acá el texto más completo

La grandiosa película de Tim Burton “Big Fish” finaliza con Billy Crudup diciendo una de las frases más memorables en la historia del cine: “Un hombre cuenta tantas veces sus historias que termina convirtiéndose en ellas. Sus historias viven en él y de esa forma se convierte en inmortal”. Pues bien, sinceramente creo que mientras sigamos contando la mayor cantidad de historias de Violeta Parra, sigamos escuchando sus canciones, leyendo sus décimas y disfrutando sus arpilleras, Violeta seguirá siendo inmortal.


por SICKTOR
Violeta Parra a 43 años de su muerte
¿Que dirá el Santo Padre?


Arauco tiene una pena


La Jardinera


Gracias a la Vida


Violeta Parra


Murió J.D. Salinger. Hasta siempre maestro!


"El escritor J. D. Salinger, autor de la novela "El guardián entre el centeno", un clásico de la literatura moderna estadounidense, murió a los 91 años de causas naturales en su casa en Cornish, en el estado norteamericano de New Hampshire, informó hoy su agente literario. Salinger murió pacíficamente en su casa el miércoles, según explicó Phyllis Westberg, su representante de la agencia Harold Ober Associates en Nueva York".

Acabo de leer esta noticia y como pocas veces siento tristeza por la muerte de alguien famoso que no conocí. A Salinger siempre lo consideré un grande y por lo mismo hoy vuelvo a publicar una entrada que ya estaba en un blog antiguo donde yo solía escribir. Saludos a todos los que lean esto.

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso".


Leí The Catcher in the Rye cuando estaba como en segundo o tercero medio. Fue aquel tiempo en que en el colegio poco o nada era mi aporte y para qué hablar de la motivación de ir a encerrarme 8 horas cada día en una claustrofóbica sala donde mis mejores amigos eran Ravotril y el filósofo Prozac. Fue aquel tiempo en que vi Donnie Darko y The Dangerous lives of Altar Boys, que leí La senda del perdedor, Mala onda y escuché centenares de canciones melancólicas que adormecían de a poco mis 8 sentidos.

No sé si será bueno leer todos esos libros durante la misma época, ni escuchar Radiohead, Tool y Smashing Pumpkins de corrido. No sé si el Ravotril o el Prozac me hubiesen hecho más feliz o hubiesen hecho más llevaderos aquellos dos años de mi vida, porque nunca los tomé, pero de la misma forma que esos medicamentos: las canciones, los libros y las películas deberían venir con contraindicaciones. En la caja del DVD doble de Taxi Driver debería decir: No recomendable para personas que poseen armas. En el librito del Kid A debería decir: no escuchar si se tiene una soga al lado o un precipicio cerca. Y en la contraportada de Donnie Darko debería decir: No ver si ya ha leido The Catcher in the Rye.

Y es que este, el más conocido y quizás mejor libro de Salinger, es el pequeño paso que lleva de: “me carga ir al colegio” a “quiero incendiar mi colegio”. La pequeña puerta que va desde la habitación donde “todo es controlable” a la pieza de “anarquía y caos”. The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno) es corrosivo, incendiario, subversivo. Es un libro donde desde la primera página queda claro sólo una cosa: Los adultos son estúpidos, y para desgracia de todos nosotros: son ellos quienes gobiernan el mundo. Son ellos los que imponen sus reglas en cada sala de clases, en cada trabajo y en cada hogar. Y aún hay dudas de por qué el mundo es lo que es.

El guardián entre el centeno cuenta la vida de Holden Caulfield, un chico en su últimos días de colegio, que luego de una serie de sucesos aborrecibles, decide escaparse de él. En su camino va recordando los hechos más significativos de su vida y este personaje que “manda a la chucha a todo el mundo” muchas veces se muestra indefenso y verdaderamente afligido por la ausencia de alguien que lo comprenda realmente.

Pero bueno, no hay nada más detestable que alguien que relate todo un libro, cante toda una canción o cuente toda una película. Hay que leer El guardián entre el centeno, porque es un libro tan grande y fácil de leer que aún en estos días nadie ha logrado volver a escribir de manera tan honesta. Y esto no es simplemente antojadizo, Salinger criticó tanto este mundillo asqueroso de sobadores de lomo y pelmazos que intentan desesperadamente aparentar ser mejores de lo que son, que en cuanto se hizo famoso por este libro desapareció del mapa por completo. Hoy en día es más fácil tomarse un café con Osama Bin Laden que con Salinger, está inubicable y no tiene deseos de que esto cambie hasta su muerte.


Mitificando al Guardián

The Catcher in the Rye es un libro clave en la historia de los asesinos más famosos, es así como Mark Chapman (asesino de John Lennon) dijo en más de una ocasión que se había inspirado en este libro para matarlo. John Hinkley (que intentó asesinar a Ronald Reagan) se declara un fanático del libro y el mismo Lee Harvey Oswald (asesino de JFK) lo tenía como libro de cabecera.

Es por esto que en nuestros días una de las teorías conspirativas más interesantes dice que quien compra este libro o lo pide en alguna biblioteca queda registrado en una lista de potenciales asesinos. Y por la misma razón en que Mel Gibson en Conspiracy Theory va por las librerías comprando todos los ejemplares de The Catcher in the Rye.

Finalmente hay que leer este libro, es recorto y muy entretenido, se consideró muy polémico un tiempo por su lenguaje e idea que distorsiona la mente de los jóvenes. Yo no sé si distorsionó la mía, -tuve la oportunidad de leerlo en español y en inglés- pero me escapé varias veces del colegio y todas las veces fue la decisión acertada. Y aunque nunca llegué a incendiarlo, me ayudó a soportar los últimos años de una manera que ningún cóctel de fluoxetina podría haberlo hecho.

PD: Holden Caulfield es tan grande que en el último tercio de Mala Onda, -de Fuguet- Matías Vicuña al leer el libro encuentra la salida a todo.

"No cuenten nunca nada a nadie, en el momento en el que alguien cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo".

por SICKTOR
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